Batió a Justin Thomas en el desempate y el español aguanta el número 2

Marca / Gerardo Riquelme

En un desempate que le sirvió para resarcirse del fiasco que encajó en el Colonial, el torneo con el que se reanudó hace un mes el PGA Tour, el estadounidense Collin Morikawa se llevó el Workday Charity Open. Lo hizo después de salvar situaciones tan extremas como remontar tres golpes en los tres últimos hoyos o responder en el primer playoff, de los tres que hubo, con un putt de 7 metros a un monstruoso canuto de Justin Thomas desde 14, con el que estaba discutiendo el torneo. 

Tuvo un tinte de hazaña su triunfo por todos esos motivos. Había arrancado con tres golpes de desventaja la jornada y en tres hoos ya le había enjugado la diferencia. Dos después, el chico de 23 años, que lleva más victorias en el PGA Tour (Barracuda 2019 y ésta) que cortes fallados le sacaba tres golpes tras un eagle.

La lucha en Muirfield Village, la guarida de Nicklaus en Ohio, con la amenaza de tormenta adelantando los horarios, fue fantástica. Thomas, que había estado anodino la primera hora, cargó con cuatro birdies consecutivos entre el hoyo 8 y el 11. Por algo es el golfista que más títulos ha ganado en los últimos cuatro cursos. Y con un eagle en el 15 parecía tener el torneo cerrado. “A mí no me quedaba otra que seguir luchando”, dijo Morikawa, que ayudado por dos bogeys de Thomas en los tres últimos hoyos, obró el milagro.

Su triunfo premió directamente el gran trabajo final de Jon Rahm que, como despedida, dejó la mejor vuelta de la semana, 64 golpes. Morikawa privó a Thomas de arrebatarle el segundo puesto de la clasificación mundial al de Barrika, que elevó sus sensaciones de cara al Memorial, también en el mismo escenario desde el jueves, aunque con greenes más rápidos y, quizás, con un rough algo segado. Aunque el tanteo de Thomas y Morikawa, 19 bajo par, no invita a muchas licencias.

Rahm se vengó de su 75 del sábado. Embocó ocho birdies, un eagle, además de dos bogeys, el primero en su hoyo 1. Fue un día donde su juego con los hierros, especialmente, fue brillantísimo. Tanto, que de los ocho birdies, sólo dos de ellos, a mitad de vuelta, fueron desde más allá de dos metros. Incluso el eagle también fue detrás de otro golpazo, que dejó la bola a dos pasos.

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